Una lectura ciudadana, sin tecnicismos, de diez años de ejecución presupuestaria: quién gasta, en qué, para qué, con el dinero de quién, y dónde termina cada boliviano del presupuesto público.
Las finanzas públicas suenan complicadas porque están llenas de jerga. En el fondo funcionan como el presupuesto de una casa, a mayor escala. Estos son los únicos términos que necesitas para leer el resto del artículo.
Es simplemente el año fiscal. “Gestión 2020” = el año 2020.
Todo lo que el Estado paga: sueldos, obras, deuda, transferencias a gobernaciones, etc. Es la salida de dinero.
Todo lo que el Estado recibe: impuestos, venta de gas y minerales, préstamos, donaciones. Es la entrada de dinero.
Lo que el Estado planeó gastar ese año (se puede modificar durante el año).
Lo que el Estado ya se comprometió a pagar (la factura ya existe), haya salido el dinero o no.
El dinero que realmente salió (gasto) o entró (ingreso) de la caja del Estado.
La institución que gasta: un ministerio, una alcaldía, una empresa estatal como YPFB.
Tres formas distintas de clasificar el mismo gasto: en qué se gasta (sueldos, obras), para qué (salud, defensa) y en qué sector de la economía (hidrocarburos, educación).
Detrás de 4.48 millones de líneas de gasto y 145 mil de ingreso hay, en el fondo, dos preguntas que cualquier persona se hace sobre su propio presupuesto: ¿de dónde saco la plata? y ¿en qué la gasto? El Estado boliviano respondió esas preguntas de manera muy distinta en 2016 que en 2025.
En 2016, Bolivia gastó Bs 218 mil millones. Para 2025, esa cifra llegó a Bs 362 mil millones — un salto del 66% en una década. El ingreso también creció, pero no siempre al mismo ritmo: en 7 de los últimos 10 años, el país gastó más de lo que recaudó, cubriendo la diferencia con deuda.
Pero el monto total es solo la superficie. Las preguntas realmente reveladoras empiezan cuando se abre esa cifra: ¿quién ejecuta ese gasto, en qué se convierte, para qué propósito sirve, en qué sector de la economía cae, de dónde viene cada boliviano de ingreso, quién presta el dinero cuando no alcanza, y dónde, geográficamente, termina la plata. Las siguientes siete visualizaciones responden, una por una, esas preguntas — con los datos oficiales completos de la década, para que los explores tú mismo.
De las 622 entidades públicas registradas, un puñado concentra la mayor parte del gasto. Mueve el año con el control deslizante o presiona reproducir para ver cómo cambia el orden a lo largo de la década. Haz clic en cualquier barra para ver su historia completa.
Esta clasificación no mira quién gasta, sino en qué se convierte cada boliviano: pago de personal, construcciones, transferencias, deuda pública, materiales.
La clasificación oficial agrupa el gasto según su propósito final. “Finalidad” usa 10 grandes categorías (educación, salud, defensa…); “Función” las desagrega en 72 más específicas. Cambia de nivel para explorar ambas.
Este clasificador ubica el gasto según el sector de la economía real al que corresponde: hidrocarburos, educación, salud, transporte, minería, agropecuario… y una categoría paraguas llamada “Administración General”.
Este es el otro lado de la moneda: el ingreso. La clasificación oficial de “rubros” mezcla recaudación genuina (impuestos, ingresos de operación) con fuentes de financiamiento como la emisión de deuda o los préstamos externos.
Más allá del rubro (“deuda”, “préstamo”), este ranking nombra a los acreedores concretos: bancos multilaterales como el BID o el Banco Mundial, gobiernos extranjeros, y las fuentes internas como el propio Tesoro.
Solo un tercio del gasto público total tiene una ubicación municipal identificable en los datos (el resto es gasto de entidades nacionales sin desagregar). De ese tercio, así se reparte el mapa de Bolivia.
Cruzando la clasificación funcional del gasto con los ejes de suelo, agua y clima — y abriendo la ejecución completa entidad por entidad — aparecen cinco patrones concretos, verificables y con potencial de reportaje propio.
Durante ocho de los últimos diez años, el clasificador de gasto público boliviano no tenía ninguna categoría llamada “cambio climático”. Nace recién en 2024, con Bs 4 millones (0.001% del gasto total). En 2025 sube a Bs 34.5 millones presupuestados, pero solo se ejecuta el 47.6% — ni siquiera esa cifra pequeña se gastó por completo.
“En su primer año de vida en el presupuesto boliviano, el cambio climático movió menos dinero que un solo proyecto municipal mediano — y ni siquiera esa cifra pequeña se gastó por completo.”Función presupuestaria “Cambio Climático”, creada en 2024
La ejecución del gasto en tratamiento de aguas residuales (devengado sobre presupuesto vigente) osciló entre 55% y 75% durante casi diez años. En 2025 se desplomó a 39.8%: de cada diez bolivianos presupuestados para saneamiento, solo se gastaron cuatro — la peor cifra de ejecución de toda la serie, en cualquier función analizada.
Mientras el gasto público total casi se duplicó, el abastecimiento de agua pasó de representar 0.98% del gasto total en 2019 (su pico) a solo 0.37% en 2025 — menos de la mitad de su peso relativo. La protección de biodiversidad y paisaje cayó de 0.033% a 0.015% en el mismo período. Urbanización, en cambio, mantiene consistentemente el mayor peso entre estas cuatro funciones.
“El agua pesa hoy menos de la mitad de lo que pesaba en 2019 dentro del presupuesto boliviano — no porque el país necesite menos agua, sino porque otras prioridades crecieron más rápido.”Lectura de la serie 2016–2025, Ministerio de Economía y Finanzas Públicas
Entre 2016 y 2025, el gasto en urbanización en el departamento de La Paz se multiplicó por diecisiete (de Bs 107 millones a Bs 1.910 millones). En el mismo período, su gasto en abastecimiento de agua cayó 36.7% — mientras en casi todo el resto del país creció con fuerza.
“Mientras la densificación urbana crece, el caño se seca: La Paz es el único gran departamento donde más ciudad significó menos agua.”Comparación departamental, gasto devengado 2016 vs. 2025
Los cuatro hallazgos anteriores nacen de recortes específicos del gasto. Pero se puede ver la estructura completa a la vez: qué entidad gasta en qué tipo de objeto de gasto (personal, transferencias, inversión, deuda), año por año. Cada cuerda conecta una entidad (gris, mitad izquierda) con un tipo de gasto (color, mitad derecha); el grosor es el monto devengado.
El Tesoro General de la Nación domina tanto el gasto que, por defecto, el diagrama lo excluye para que se puedan apreciar las demás entidades — actívalo para ver la escala real. Haz clic sobre el arco gris de cualquier entidad para ver, en el panel lateral, sus programas con mayor ejecución en la gestión seleccionada.
Lo que revela: incluso sin el Tesoro, la red muestra que casi todas las entidades destinan la mayor parte de su gasto a “Servicios Personales” (sueldos) y “Transferencias” — muy pocas cuerdas gruesas llegan hasta “Activos Reales”, la categoría que representa inversión física nueva.
Los datos provienen del Portal de Datos Abiertos del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas de Bolivia (abierto.economiayfinanzas.gob.bo), específicamente de la ejecución presupuestaria de gasto e ingreso por gestión (2016–2025): 4.480.002 registros de gasto y 144.804 de ingreso, a nivel de línea individual, agregados aquí por entidad, objeto de gasto, finalidad/función, sector económico, rubro, organismo financiador y municipio.
Los montos están en bolivianos corrientes, sin ajuste por inflación. El mapa municipal cubre únicamente el ~33% del gasto con ubicación geográfica identificable; el resto corresponde a entidades nacionales sin desagregación municipal. Los rankings de entidad, función, organismo financiador y sector muestran las categorías más relevantes de cada clasificador (top 20 o el universo completo cuando es menor a 25), no la totalidad de códigos posibles.
Un “proyecto” se define como una combinación única de entidad + programa + código de proyecto + descripción, y excluye actividades recurrentes. La clasificación funcional (finalidad/función) sigue el estándar tipo COFOG usado en las finanzas públicas bolivianas.