A unos 40 kilómetros de Sucre, Era-Pampa busca convertir aquello que forma parte de su vida cotidiana —sus cultivos, sabores, conocimientos tradicionales, abejas, aves y paisajes— en experiencias para visitantes y nuevas oportunidades para sus familias.
Por Melina Valencia Achá
El viaje comienza en la carretera que conecta Sucre con Yamparáez. Después de avanzar por la ruta principal, un desvío conduce hacia el Valle de Escana. Lejos del asfalto, el camino de tierra se abre paso entre varias curvas y, de a poco, aparecen los paisajes y cultivos que caracterizan esta región de los valles de Chuquisaca.
El destino es Era-Pampa, una comunidad que busca aprovechar sus recursos naturales, productivos y culturales para desarrollar una propuesta de turismo comunitario. La idea contempla recorridos por los cultivos, experiencias gastronómicas con productos de la zona, actividades vinculadas con la apicultura y la observación de aves, además de una visita a la cascada Yanaqaqa. A futuro, sus impulsores proyectan incorporar espacios destinados al descanso y el bienestar.


A unos 40 kilómetros de Sucre, Era-Pampa forma parte de la subcentralía de Escana, en el municipio de Yamparáez, junto con las comunidades Sauce Pampa, Escana, San Antonio y San José de Molle.
La iniciativa todavía se encuentra en una etapa inicial, pero sus habitantes ya identificaron varios atractivos que podrían integrarse en un circuito turístico. La agricultura, la gastronomía, la medicina tradicional, la apicultura y el paisaje forman parte de los recursos que la comunidad pretende mostrar a quienes lleguen hasta este territorio.

Álvaro Loayza, alcalde comunal de Era-Pampa, explica que el objetivo es desarrollar una actividad que permita a los visitantes conocer el territorio desde la propia comunidad. “Queremos hacer un turismo vivencial, natural, un turismo que no sea depredador, un turismo que colabore con nuestra gente de acá”, señala.
La identidad del lugar está estrechamente relacionada con la agricultura y las costumbres que aún permanecen entre sus habitantes. El propio nombre.
Era-Pampa hace referencia al espacio donde antiguamente se realizaba la trilla, una actividad del campo destinada a separar el grano de la paja.
Los cultivos son parte de esa identidad. El valle produce durazno, higo, choclo, maíz, papa, papaya, naranja, lima, tuna y manzana, entre otros productos que pueden conocerse y degustarse en diferentes épocas del año.
El alcalde de Yamparáez, Grover Yucra Arancibia, destaca especialmente la producción frutícola de la zona y asegura que el durazno ya tiene compradores que conocen su calidad. “Cuando cosechan el durazno, sale a Sucre; es más, no hay necesidad de que llegue a los mercados, ya hay compradores que hacen el pedido porque conocen la calidad de la fruta que sale de este valle”, afirma.
La intención es que el visitante pueda acercarse a esa actividad productiva y conocer de dónde provienen los alimentos que llegan a la mesa. De esta manera, los cultivos no solamente representan una fuente de ingresos para las familias, sino también una posibilidad para generar experiencias alrededor de la producción local.
En el recorrido aparecen especies nativas como algarrobo, molle, tak’o. thola, jarka, olala, rufo, salancachi, higueras y muña. Algunas forman parte de los conocimientos de medicina tradicional que todavía se conservan en la comunidad.
Los habitantes explican que el molle, la thola, la muña, el reloj reloj y el amor seco son utilizados principalmente en infusiones para aliviar malestares como dolores de estómago y resfríos. Son conocimientos transmitidos de generación en generación. La comunidad cuenta, además, con un médico tradicional.
La gastronomía es otra de las formas de acercarse a la vida cotidiana de Era-Pampa. Un ejemplo es el refresco de algarrobo, una bebida que puede degustarse durante el recorrido y que también se plantea incorporar como parte de los circuitos.
A la mesa llega también uno de los platos tradicionales de la zona: el ají de trigo, preparado con ingredientes propios de la región. Más que un alimento, la comida permite conocer parte de la actividad productiva y de las costumbres de las familias.

Desde la perspectiva de “Chef sin fronteras”, explicada durante la visita, la gastronomía permite comprender la relación entre lo que se cultiva, las herramientas utilizadas y la forma de trabajo de las familias. Lo que llega al plato es, en ese sentido, una parte de la historia productiva de la comunidad.
Hornear pan en un horno de barro también podría formar parte de esa experiencia. El proceso, desde la preparación de la masa hasta el momento en que el pan sale del horno, permitiría al visitante acercarse a una tradición que todavía forma parte de la vida cotidiana.

La apicultura es otra de las actividades que se busca incorporar al proyecto. Era-Pampa cuenta con producción de miel y sus derivados, que actualmente son comercializados por los apicultores. La propuesta plantea, además, aprovechar esta actividad como parte de una experiencia turística y, a futuro, explorar su incorporación a espacios relacionados con el descanso y el bienestar.
Para el alcalde comunal, incluso el entorno de las colmenas puede convertirse en parte de la experiencia. Entre los productos que se identifican están la miel en panal, la miel centrifugada, el polen y el propóleo, que representan una fuente de ingresos para las familias dedicadas a la apicultura.
El proyecto contempla también la observación y fotografía de aves. Los comunarios identifican la presencia de golondrinas, halcones y otras especies, incluidas algunas migratorias. La intención es desarrollar un “safari fotográfico” dirigido a visitantes interesados en la naturaleza.
Para hacerlo posible será necesario avanzar en el registro e identificación de las especies y establecer rutas que permitan realizar esta actividad sin afectar el entorno.
Yanaqaqa, entre agua y leyendas
Aledaña a Era-Pampa, en la comunidad de Escana, se encuentra la cascada Yanaqaqa, visible desde distintos puntos de la zona. Para llegar hasta ella hay que dejar el vehículo y continuar por un camino de tierra. El sonido del agua aparece antes que la propia cascada. Después, entre grandes formaciones de roca oscura, surge la caída de agua.

Su nombre proviene del quechua. Yana significa negro y qaqa, roca, peña o acantilado. De ahí surge Yanaqaqa, en referencia a las características de las piedras que rodean la cascada.
El lugar también está acompañado por relatos que forman parte de la tradición oral de los habitantes. Una de las leyendas señala que la cascada es femenina y que las parejas no deberían llegar juntas hasta este sitio porque, según la creencia, podrían terminar separándose.
Otra historia cuenta que antiguamente había oro en la laguna y que dos personas que intentaron extraerlo murieron. Son relatos transmitidos de generación en generación y que forman parte de la manera en que la comunidad explica y se relaciona con este espacio natural.
Más allá de las leyendas, la cascada constituye uno de los atractivos naturales de la zona. El agua forma pozas en las que pueden encontrarse cangrejos que también forman parte de la gastronomía local.
Mientras la comunidad trabaja en su propuesta de turismo comunitario, algunos emprendimientos privados comienzan a instalarse en la zona. Uno de ellos es el complejo recreacional El Barjala.
Julio César Barreto Rojas, dueño del emprendimiento, explica que el proyecto comenzó sobre un terreno que anteriormente era utilizado para cultivar papa y haba. Con el tiempo, el espacio fue transformándose en un complejo recreativo que contempla áreas verdes, espacios para niños, una tirolesa y un mirador con un concepto inspirado en juegos vikingos.
La subcentralía de Escana reúne varias comunidades y la intención es que el desarrollo turístico pueda extenderse progresivamente a todo el territorio. El director departamental de Turismo, Pedro Salazar, considera que el Valle de Escana tiene condiciones para proyectarse como destino.

“Es el inicio de un proyecto que queremos encarar con nuestras autoridades, con nuestros municipios y demostrar ese gran potencial que tienen para poderse convertir en destinos turísticos”, señala.
La propuesta, sin embargo, todavía enfrenta varios desafíos. El acceso desde la carretera principal continúa por caminos vecinales y el desarrollo de servicios turísticos requerirá infraestructura, señalización, promoción y una organización que permita estructurar los circuitos.
Desde Era-Pampa reconocen que no se trata de un proyecto inmediato. “Este es un proyecto a largo plazo”, dice Loayza.
Al finalizar el recorrido, Era-Pampa todavía no aparece como un destino turístico consolidado. Lo que existe es un territorio que empieza a identificar y organizar aquello que durante años formó parte de su vida cotidiana: los cultivos, la gastronomía, los conocimientos tradicionales, las abejas, las aves, los paisajes y las historias que se cuentan alrededor de ellos.
La propuesta no busca sustituir las principales actividades de las familias, sino complementarlas a través de una actividad que permita generar nuevas oportunidades económicas sin perder la relación con el territorio.
Mostrar Era-Pampa es, en ese sentido, apenas el comienzo. La idea es que quien llegue hasta este lugar no se limite a observar un paisaje, sino que pueda conocer cómo se produce, cómo se vive y qué historias se conservan en esta parte del Valle de Escana.
El camino todavía es largo, pero la comunidad ya ha comenzado a trazarlo.
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