Santa Cruz consume agua subterránea y camina hacia el precipicio

El año 2001, la deforestación alcanzó a 68.149 hectáreas y en 2022 esa cifra subió a 302.429 hectáreas. Las tierras cultivadas aumentaron en un 838 por ciento en la frontera agrícola. La ganadería creció en un 348 por ciento. La población aumentó de 1,7 millones de habitantes en 2001 a 4 millones en 2022. En la otra acera, aumentan las temperaturas de forma acelerada y el agua disminuye. Hay una política departamental desde el 2021 y planes, pero persisten las dudas sobre su efectividad.

La población de Santa Cruz vive en gran parte gracias al agua subterránea almacenada en acuíferos. Sin embargo, en los últimos 40 años, las reservas acuíferas han disminuido hasta en un 40 por ciento en este departamento, lo que ha llevado el balance hídrico de la región hasta un punto “límite”. Por ello, uno de sus desafíos coyunturales es evitar llegar al racionamiento de agua, mientras se termina de activar un plan para contar con el líquido elemento a futuro.

Son varios los factores que están empujando a este departamento hacia el despeñadero y unos son consecuencia de otros como, por ejemplo, las altas temperaturas que tienen que ver con la deforestación (ver cuadro), entre otros problemas, y el acelerado avance de la urbanización en uno de los departamentos que más aporta al crecimiento de la economía boliviana.

Estudios calculan que en los últimos 40 años las reservas de agua en la zona más poblada del departamento se redujeron entre un 20 y un 40 por ciento, y que las lluvias que los alimentan disminuirán hasta un 36 por ciento en las próximas dos décadas.

Para la directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), Marlene Quintanilla, se trata de un autoatentado.  “Estamos atentando nosotros mismos contra un recurso que es tan vital para todos y para una infinidad de actividades que hacen que Santa Cruz sea emergente y productiva”. 

 “Creo que estamos en el límite. Sí o sí es hora de tomar medidas” de corto, mediano y largo plazo, de realizar ajustes y de evitar un escenario de “gravedad”, reconoce la coordinadora del Programa Departamental de Cambio Climático de la Gobernación de Santa Cruz, Adita Montaño.

EL AGUA QUE CONSUME SANTA CRUZ

En Santa Cruz, gran parte del agua para consumo humano proviene de acuíferos, reservas de agua ubicadas a diferentes profundidades por debajo de la superficie terrestre que se recargan mediante la lluvia y otras fuentes superficiales como los ríos, de acuerdo a datos del Ministerio de Medio Ambiente y Agua.

El Informe Económico y Social 2022 de la Gobernación cruceña indica que el 51 por ciento de las familias que viven en el departamento tienen acceso a agua a través de una red de cañerías que ingresan hasta sus viviendas; el 26,5 por ciento por medio de una red de cañerías que llegan hasta sus terrenos y el 22,5 por ciento vía pozos, ríos, acequias y vertientes no protegidas.

Santa Cruz posee nueve de las 12 ecorregiones que hay en el país, entre ellas la Amazonía, el Bosque Seco Chiquitano, el Pantanal y las sabanas, lo que lo convierte en una joya natural, “pero, desde 1950, en este gran patrimonio natural se están generando profundos cambios, y de manera mucho más rápida a partir de 1980”, apunta la directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza.

En este tiempo, la reducción de las lluvias se tradujo en la disminución de varios reservorios de agua dulce a lo largo y ancho del territorio cruceño, en el deterioro de los “curichis” (humedales) y en la desaparición de ríos, riachuelos y lagunas, como la de Concepción, en San José de Chiquitos.

Esta imagen fue tomada en octubre de 2021 en Laguna Concepción (Foto: Juan Cambará, gentileza de La Región).

SOLUCIONES NO ESTRUCTURALES

Uno de los muchos problemas que existen está en la falta de soluciones estructurales e integrales. El director de la Fundación Solón, Pablo Solón, explica que por ejemplo “cuando hay estrés hídrico (una demanda temporal mayor a la oferta), se perforan más pozos para conseguir más agua. Esta práctica común puede resolver la necesidad inmediata o urgente de agua, pero a la larga puede afectar la recarga del acuífero”.

Igual ocurre con atajados y represas, que ayudan a almacenar agua para una población o para la producción, un líquido que antes se infiltraba y alimentaba los acuíferos.

Y el aumento de la temperatura es mayor cuando la deforestación también lo es. El Atlas Departamental de Vulnerabilidad al Cambio Climático de Santa Cruz, elaborado por la FAN, detalla que la temperatura aumentó en 0,73 °C en áreas sin deforestar y en 1,09 °C en zonas deforestadas, mientras que la disminución de las lluvias es más acelerada en lugares sin árboles que en aquellos que aún los tienen.

En el mundo, el calentamiento global es causado por el uso de combustibles fósiles, pero en Bolivia y principalmente en Santa Cruz, ese fenómeno –apunta Solón– tiene como pilar la deforestación, lo que significa menos árboles para retener la humedad y conducirla a los acuíferos. 

Solón explica que esta deforestación está asociada a tres factores: la ampliación de la frontera agrícola, en especial de la soya; el avance de la ganadería y el crecimiento de asentamientos humanos sin planificación, “lo que acaba aumentando la presión sobre los recursos hídricos”.

El agrometeorólogo Luis Alberto Alpire, exsecretario de Desarrollo Productivo de la Gobernación cruceña, rechaza esta posición y afirma que el calentamiento cruceño se debe en buena parte al uso de carburantes.

SUBEN LAS TEMPERATURAS

Santa Cruz “está entre las regiones del mundo donde la temperatura aumenta aceleradamente desde la década de los 80”, según el estudio “Cambio Climático en Santa Cruz. Nexos entre clima, agricultura y deforestación” de la Fundación Tierra.

Esto es crucial, ya que este fenómeno ha reducido la frecuencia y cantidad de las lluvias, lo que afecta de manera directa el equilibrio entre oferta y demanda de agua. Al aumentar el calor, la vegetación, los suelos sin cobertura y los cuerpos de agua pierden humedad por evaporación, lo que disminuye las precipitaciones pluviales y reduce las oportunidades de que se recarguen los acuíferos. Y a mayor calor, el consumo de agua también aumenta.

“En la medida que las temperaturas sean cada vez más elevadas habrá menos disposición de agua”, resume Luis Alberto Alpire.

El estudio de la Fundación Tierra detalla que en este departamento el incremento de la temperatura está por encima del calentamiento regional y mundial. Entre 1981 y 2020, el calentamiento global aumentó en 0,6 grados centígrados (°C), mientras en Santa Cruz fue de 1,1 °C (de 24,7 a 25,8 °C), una diferencia de hasta 83 por ciento con respecto al del planeta. Las precipitaciones pluviales anuales disminuyeron un 27 por ciento en el mismo periodo. En otras palabras, el calentamiento avanza a un ritmo acelerado en territorio cruceño. 

“Excepto en la zona de los valles, los días de calor extremo son y serán cada vez más frecuentes en el resto del departamento de Santa Cruz”, prevé Gonzalo Colque, investigador de Fundación Tierra.

Con excepción del Chaco en el pasado, los días con temperaturas máximas iguales o mayores a 40°C prácticamente no existían en el departamento, pero las proyecciones climáticas para el 2060 indican que la cantidad de días con más de 40°C puede aumentar de tres a 17 o hasta 29 días.

La coordinadora del Programa Departamental de Cambio Climático de la Gobernación de Santa Cruz, Adita Montaño, reconoce que los datos de la Fundación Tierra son “muy similares” a los que ella conoce y “muy preocupantes”. Éste y otros estudios, indica, evidencian el aumento de la temperatura en los últimos años en Santa Cruz, lo que “se puede notar en las olas de calor que golpean tanto a zonas rurales como urbanas”.

El Atlas Departamental de Vulnerabilidad al Cambio Climático de Santa Cruz, elaborado por la FAN, detalla queen la época seca (agosto, septiembre y octubre) la temperatura media anual en Santa Cruz aumentó en un rango de entre 0,5 y 1,7 °C entre 1980 y 2020. Los cambios más extremos se dieron en la Chiquitanía norte, la Chiquitanía sur y el Pantanal. En esos lugares, las lluvias disminuyeron entre 11 y 36 por ciento.

Ante el aumento de la temperatura y la menor cantidad de lluvia, “la época seca se está ampliando de tres a cuatro, a cinco hasta a seis meses”, lo que “no nos depara un futuro prometedor”, advierte Quintanilla de la FAN.

CAMBIOS PROFUNDOS

El estudio de la Fundación Tierra advierte que el departamento de Santa Cruz es altamente sensible y vulnerable a la crisis climática, debido al aumento de las intervenciones humanas relacionadas con la agricultura mecanizada y con la ganadería, que se intensificaron en las últimas décadas a expensas de áreas boscosas.

  • En el caso de la frontera agrícola, las tierras cultivadas se multiplicaron “a un ritmo sin precedentes” en la historia cruceña, de 321.000 hectáreas en la década de los 80 a 3,01 millones de hectáreas en 2022 (+838 por ciento).
  • La ganadería creció de 1,05 millones a 4,7 millones de cabezas (+348 por ciento), animales que requieren más áreas desmontadas para pastizales y potreros.

Todo esto ha incidido en las temperaturas porque transforma los ecosistemas y altera los ciclos y flujos de agua. 

“La agricultura, que tradicionalmente dependía sólo de las lluvias, ahora tiene que recurrir al riego, para lo que se están haciendo obras hidráulicas”, especifica Quintanilla. 

“Ciertamente, la agricultura cruceña ha dinamizado la economía regional y nacional, lo que se traduce en beneficios y oportunidades económicas. Pero este aspecto positivo puede desaparecer en muy pocos años debido a los altos costos climáticos y ambientales”.

Fundación Tierra

 “La rutina de compensar los efectos negativos del clima con más desmontes y más ampliación de la frontera agrícola es como caminar en línea recta hacia el precipicio (…). Llegará un momento en el que la deforestación dejará de generar beneficios económicos”, indica Fundación Tierra.

Según el Atlas Departamental de Vulnerabilidad al Cambio Climático, son justamente los sectores agrícola y pecuario de Santa Cruz los más afectados por las pérdidas que generan los eventos climáticos extremos. 

Datos de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) indican que sólo en 2016 la actividad agropecuaria registró pérdidas de 485 millones de dólares por efecto de la sequía que se produjo ese año.

 “Los efectos del cambio climático vienen condicionando el futuro de la producción en el departamento de Santa Cruz”, cita el documento de la Fundación Amigos de la Naturaleza.

Alpire considera que “hay una conciencia mucho más evidente de parte del sector productivo” en este tema, ya que entiende que en la medida de que su actividad sea racional va a continuar aprovechando la tierra y evitará su desertificación. 

“Ya todos los productores utilizan el cultivo directo (sin labranza) y el de rotación (estacional), que son amigables con el medio ambiente. Hay, además, un respeto a las cortinas rompevientos (hileras de árboles o arbustos), para que los alimentos puedan producirse sin afectar al medio ambiente”.

Perforación de un pozo de agua en el municipio de Samaipata (Foto: Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz).

NÚCLEO URBANO

Santa Cruz no sólo cuenta con la mayor producción agrícola, pecuaria y hasta industrial del país, sino que es el departamento más habitado. Esto quiere decir que millones de personas utilizan o sobreutilizan las reservas de agua de la región para sus actividades cotidianas, sociales y/o económicas.

Según el conteo poblacional del Instituto Cruceño de Estadística (ICE), la región pasó de acoger 1,7 millones de habitantes en 2001 a tener 4 millones en 2022. Su índice demográfico es uno de los más elevados de Sudamérica, con una tasa de crecimiento de 4,6 por ciento por año y de 5,52 por ciento para su área metropolitana (Santa Cruz de la Sierra, Cotoca, Warnes, La Guardia, Porongo y El Torno), donde se concentra el 60 por ciento de la población del departamento (2,8 millones de personas).

Y en el núcleo urbano cruceño, todos dependen de un solo gran acuífero subterráneo, sobre el cual se están desarrollando notorios cambios.

El área metropolitana de Santa Cruz es una zona bastante privilegiada en temas de disponibilidad de agua, porque se extiende sobre una gran reserva del líquido. Pero esta realidad tan buena está cambiando por la explotación de los acuíferos. No hay una regulación que instruya cuánto de agua subterránea se puede aprovechar”.
Marlene Quintanilla, directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

El suelo arenoso de esta macrorregión hace que un gran porcentaje de las lluvias que caen sobre ella se filtre, por lo que toda el área es una zona de recarga, principalmente los espacios verdes como el cordón ecológico del Río Piraí, las Lomas de Arena, el Jardín Botánico, las Lomas del Recreo, el arroyo Los Sauces y el Urubó, entre otros.

“Santa Cruz siempre ha contado con agua porque tiene estos sitios de recarga, pero son estos sitios los que están en constante amenaza y son debilitados por la expansión demográfica”, apunta Quintanilla. “El crecimiento desordenado y masivo de las urbanizaciones está impermeabilizando con sus asfaltos y cementos gran cantidad de suelos que eran zonas de recarga para estos acuíferos”.

“Es como si pusiéramos -ejemplifica- una bolsa plástica sobre los poros por donde entraba el agua hasta los acuíferos. Este es un factor de disminución que ya se está viendo” en esas reservas.

Un estudio anterior realizado por la FAN muestra que en la cuenca del Río Piraí el almacenamiento de agua que se infiltra desde los suelos se redujo de 793 milímetros (mm) al año en 1992 a 361 mm en 2013, proyectándose que la disminución continúe hasta 196 mm anuales en 2030, resultado que no toma en cuenta el acelerado proceso de expansión de la mancha urbana de los últimos años.

“Éste es uno de los modelos que nos permite graficar cómo está disminuyendo el agua en los suelos y nos muestra cómo una zona de recarga que era tan importante queda disminuida”, precisa Quintanilla.

Éste será un factor clave en el balance hídrico de la región, donde cada año llegan más de 100.000 personas, de acuerdo con proyecciones del Instituto Cruceño de Estadísticas.

Quintanilla calcula que la mayor demanda de una población en crecimiento y la impermeabilización o eliminación de las zonas de recarga han disminuido la recarga de los acuíferos entre un 20 y 40 por ciento. Y subraya que Santa Cruz se dirige hacia un escenario en el que la falta de agua puede ser un factor importante en los próximos años.

Según un informe del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, los cambios de uso de suelo de las zonas de recarga no sólo ocasionan la pérdida de cobertura vegetal y la impermeabilización de los suelos, sino también riesgo de contaminación en los acuíferos.

En el área metropolitana, sólo el municipio de Santa Cruz de la Sierra cuenta con relleno sanitario formal. El resto arroja sus desechos a botaderos a cielo abierto, lo que podría causar la contaminación de las fuentes de agua por la infiltración de lixiviados. A esto se suman los residuos sólidos y líquidos de las más de 100.000 empresas e industrias formales asentadas en la región, un número que está en constante evolución.

PLANES Y ESTRATEGIAS

Desde marzo de 2021, la Gobernación de Santa Cruz cuenta con la Política Departamental de Cambio Climático, un documento de 151 páginas que tiene al agua entre sus líneas estratégicas y de acción. Esta política se tradujo este año en la Estrategia Departamental de Cambio Climático, que se puso como metas hasta 2050 reducir en 80 por ciento la pérdida anual boscosa en ecosistemas del departamento priorizados por sus funciones ambientales, y restaurar y conservar al menos el 70 por ciento de las fuentes de agua y cabeceras de cuencas en la región.

Para enfrentar la contaminación, esta política contempla también la implementación del sistema en red de información y monitoreo de aguas subterráneas y pozos en el área metropolitana.

“Santa Cruz es el único departamento que tiene una política (sobre cambio climático) aprobada por un decreto departamental y tiene una hoja de ruta también aprobada. Son documentos vinculantes de uso obligatorio” para los cruceños, destaca Montaño, coordinadora del Programa Departamental de Cambio Climático de la Gobernación.

Esta estrategia avanza de dos formas. En campo, haciendo conocer a los municipios la temática y cómo ellos pueden incluir este lineamiento en sus programas operativos, presupuestos y planes de acción, para tener capacidad de respuesta ante los problemas del cambio climático. De manera sectorial, con grupos de jóvenes –por ejemplo–, que puedan incidir en sus municipios; y con grupos de empresarios, como los ganaderos, para hacer de su producción más sostenible. 

Montaño hace notar que los frentes de trabajo son muy amplios, pero el financiamiento limitado, por lo que se definen prioridades.

Según Quintanilla, además de la política de la Gobernación, hubo “algunos intentos” a nivel metropolitano para afrontar el problema, pero éstos “no han sido suficientes”. “Pienso que nos falta todavía aunar esfuerzos. En este momento, las posiciones están muy polarizadas”.

“Se tiene que trabajar a todo nivel. Lo que demanda la política es que los programas y proyectos de la Gobernación, de los municipios y de los privados tienen que incluir sí o sí una línea de adaptación o mitigación al cambio climático”, subraya Montaño.

Entre los niveles que se trabajarán está el de la educación, con la incorporación de la temática en la malla curricular; el de la comunicación, con campañas de concientización sobre la actual situación del agua y sobre lo que puede ocurrir si no se la cuida; y el de la infraestructura, con la promoción del uso de materiales amigables con el medio ambiente y la preservación de áreas protegidas, evitando que obras civiles se levanten dentro de ellas.

También se aprobó este año la Estrategia Departamental de Seguridad Hídrica y se está construyendo el Plan Departamental de Seguridad Hídrica, “un plan para la protección de cuencas, para darle seguridad hídrica al departamento” en un periodo de cinco años, anticipa la coordinadora del PDCC de la Gobernación.

Se está planificando la protección a mediano y largo plazo de las “fábricas de agua”, de los bosques y áreas protegidas donde nace el agua para Santa Cruz, puntualiza Montaño, quien agrega que esta labor incluye el acompañamiento a diferentes municipios que ya están trabajando en la protección de sus cuencas.

De acuerdo con el estudio de Fundación Tierra, el departamento de Santa Cruz “ha entrado en una etapa crítica en la que se necesitan respuestas reales en lugar de discursos, de leyes meramente declarativas o de soluciones falsas”. 

Solón menciona que, al no existir datos sobre el estado de la oferta y la demanda de agua en Santa Cruz y de las proyecciones de este balance en el corto, mediano y largo plazo, los planes al respecto son muy empíricos. 

Solón puso como ejemplo la construcción de una carretera, que en general tiene un estudio de evaluación que mide sólo los impactos directos en el ecosistema; es decir, corte de afluentes o ríos, y que no calcula los impactos que pueden surgir en cinco o más años en los acuíferos.

“Una de nuestras más grandes debilidades es que se piensa en el muy corto plazo, con planificaciones muy parcializadas, para resolver problemas muy urgentes; con estudios que no existen o que no toman en cuenta aspectos integrales. Se hacen las cosas y luego se dan cuenta de los impactos que se están provocando años o décadas después”. Pablo Solón

El investigador de Fundación Tierra recuerda que “hasta hace poco, Santa Cruz no tenía preocupaciones sobre la disponibilidad del agua. Al ser una zona de clima tropical, las generosas lluvias eran consideradas como fuentes casi inagotables para la recarga hídrica y suficiente disponibilidad de agua”.

Y luego hace notar que “esta tranquilidad cruceña está quedando atrás rápidamente. Cada día aparecen más señales de alerta sobre los problemas de abastecimiento de agua para el mediano y largo plazo. En varios centros poblados de la Chiquitanía, el acceso al agua no es un problema nuevo y empeora con los años”.

Estas tensiones explican en parte el reciente conflicto por la construcción de la carretera Buena Vista-Las Cruces-La Guardia, que puso bajo la lupa los acuíferos del Urubó, de gran importancia para la capital cruceña.

VULNERABILIDAD

El estudio de la FAN proyecta que hasta 2050 la oferta hídrica cruceña disminuirá en un 14 por ciento adicional debido al mayor consumo del líquido y al agotamiento de las reservas de los acuíferos subterráneos por el calor, que también evapora el agua de los cuerpos de agua que están sobre la superficie. 

Las zonas más afectadas serán la Chiquitanía Norte y Sur y el Pantanal, donde el estrés hídrico en época seca se intensificará en 64 por ciento respecto al balance actual.

Pero no todos recibirán el golpe de la misma forma.

La Directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) hace notar que Bolivia está en el ranking de los 10 países más vulnerables al cambio climático en todo el planeta, debido a las grandes pérdidas económicas que le causan los efectos climáticos, como sequía e inundaciones, y a que el país no tiene la capacidad de adaptarse a esos cambios rápidamente.

 “En Estados Unidos –aclara Marlene Quintanilla– los afectados tienen las herramientas económicas para levantar sus negocios en tres a cinco meses. En Bolivia, el productor que pierde sus cultivos puede quedar endeudado, dejar la agricultura y sumirse en la pobreza”.

En Santa Cruz, los municipios más vulnerables al aumento de las temperaturas y sus efectos son los que menos recursos económicos poseen y desde ya los que más necesidades básicas insatisfechas tienen. 

El Atlas identifica que los municipios con muy alta vulnerabilidad son San Antonio de Lomerío, San Miguel de Velasco y San Rafael; y los que tienen un nivel de alta vulnerabilidad son San Ignacio de Velasco, San Matías, Carmen Rivero Tórrez, San Javier, San Ramón, San Julián, Cuatro Cañadas y Pailón.

Entrega de un pozo de agua en la comunidad cruceña Molier 27 (Foto: Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz).

 “Las ciudades –dice Quintanilla– diversificamos nuestros ingresos y vamos a tener una mejor capacidad de sobreponernos a estos riesgos climáticos, pero las zonas rurales y productivas son las que van a ser un poco más golpeadas”. 

Además, Santa Cruz tiene un ritmo más acelerado de cambio climático. Cada 10 años, la temperatura promedio aumenta entre 0,3 y 0,4 °C. En el peor escenario, alcanzará 3,2 °C de calentamiento acumulado al año 2060, de acuerdo con la investigación de la Fundación Tierra.

“Hay una preocupación a raíz de todos estos datos que al final repercuten en el desarrollo del departamento, en la producción y en el bolsillo de la gente”, reconoce Montaño.

Todo este escenario anticipa impactos en la salud humana y en la producción en general (ganadería, agro e industria), por lo que crecen las preocupaciones sobre la futura disponibilidad de agua en la región.

EN EL LÍMITE

“No podría decir que nos vamos a quedar mañana sin agua, pero sí debemos ser muy responsables con su uso, todos los días, como si estuviéramos a punto de quedarnos sin ese elemento valioso”, recalca Montaño, ante la consulta de Guardiana sobre el estado del balance hídrico.

“Es muy difícil –explica Quintanilla– determinar la oferta hídrica subterránea. Se han hecho varios estudios, pero no han determinado cuánto de agua tenemos en los acuíferos subterráneos y esa es una limitante. De lo que sí estamos seguros, es que la cantidad de lluvia en el departamento ha disminuido un 17 por ciento en general, lo que implica un 17 por ciento menos de agua entrando a los suelos”. 

“Si seguimos manejando (el agua) como lo estamos haciendo hoy, sin ninguna medida de cuidado, seguro que en poco tiempo vamos a estar como en otros lugares: viendo de dónde vamos a sacar agua, sufriendo, racionando”, alerta Montaño. Pero si “tomamos conciencia entre todos, eso nos va a durar un poco más”, de lo contrario, la proyección “va a ser catastrófica”.

Debido a esta situación, Montaño asegura: “Estamos apelando a trabajar desde diferentes sectores, tanto a nivel público como privado, para que tomemos las medidas adecuadas para no llegar al racionamiento y demás”. 

“Hasta ahora, no estamos tan mal (en el balance hídrico), pero definitivamente podemos estar mejor en la medida en que haya un equilibrio ambiental en nuestro país”, sostiene Alpire.

Solón considera que “hubiera sido mucho mejor emprender esta discusión hace más de una década”.

“Hoy, se la va a emprender a partir de una urgencia que ya es muy evidente, lo que complica las medidas. No digo que ya todo está perdido, de ninguna manera es esa la situación, pero es más difícil. Por un lado, se tiene la urgencia de aquellos sectores que no tienen acceso a agua; y, por el otro, hay que estar pensando en el equilibrio de los ciclos hídricos en el mediano y largo plazo. Y es mucho más complicado, mientras más se deje pasar el tiempo”, observa.

“En este momento quizás todo parece estar tranquilo y bien, pero a futuro este problema va a derivar en muchos impactos y en muchas pérdidas económicas para el departamento”, concluye Quintanilla.

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