Se venden ‘medicinas’ prohibidas en La Pampa de Cochabamba

En uno de los mercados más grandes de Cochabamba se pueden comprar medicamentos procedentes de otros países que no están autorizados y preparados para «limpias», que no incluyen información sobre su composición. Todo esto es un atentado a los derechos a la información y la salud de la población. El Sedes se pronuncia al respecto. ¿Qué pasa con los casos de salud mental tratados desde la medicina tradicional?,¿cuántos médicos tradicionales tienen autorización para trabajar como tales en La Llajta?

Texto y fotos de Amparo Canedo y video y audio de Carlos Tellería para Guardiana (Bolivia)

Agujas… cajas fuertes de madera… comida lista para servirse… cosméticos…ropa interior… herramientas para todo tipo de trabajos… cotillones… telas… recipientes de plástico… focos… zapatos…helados…radios… telas… plantas… panes…relojes… toallas… juguetes… ropa deportiva… mandiles… verduras… frutas… flores… animales vivos… animales  muertos disecados… marihuana en crema para la artritis y dolores musculares y todo tipo de preparados bolivianos y de supuesta procedencia peruana, brasileña y colombiana para alejar el estrés, el dolor de cabeza, las maldiciones, la mala suerte, la poca salud, la envidia… Esto y mucho más encuentras en La Pampa, uno de los mercados más grandes de la ciudad de Cochabamba (Bolivia), fundado el 5 de noviembre de 1965 y construido sobre cinco hectáreas. 

Allá las casetas de fierro yacen en fila varadas a la espera de compradores. Guardiana se acerca a varias. “Casera, ¿tienes algo que me pueda servir para la depresión?”. No hay respuesta. “Me refiero a estar muy triste, sin ánimo, algo así”. “¡Ah! Hay varios productos”. Mientras la mujer habla, levanta una bandeja rectangular de plastoformo, llena de pequeñas plantas disecadas, cubiertas por un plástico sin etiqueta alguna. Otras bandejas llevan una en la que se puede leer un rezo y un número de celular. “Con esto te tienes que hacer una limpia, te tienes que bañar. Haces hervir (el contenido de la bandeja) en unos cinco litros de agua y después te echas sólo el agua, lo que queda lo botas, mejor fuera de tu casa”. “¿Y cuánto cuesta esto?”. “Hay de 10 bolivianos, también de 30 y de 50”, responde mientras señala paquetes de diferente tamaño.

¿Y esto cura la ansiedad o la depresión?, pregunta nuevamente Guardiana. «Esto te sirve –responde la autodenominada curandera– para alejar a la mala suerte y malos espíritus que no te dejan dormir bien. Por eso la gente se baña con esto cuando está nerviosa. Pueden haberte deseado mala suerte o alguien te tiene envidia y por eso te va mal y estás triste». Quienes venden estos preparados en La Pampa no usan los nombres de enfermedades mentales como, por ejemplo, ansiedad, depresión, esquizofrenia u otras. Luego se verá por qué los médicos tradicionales tampoco usan esa terminología médica utilizada por la psiquiatría. 

La Pampa fue en el pasado una laguna artificial y luego un pantano, según una publicación de Los Tiempos del 2015. Luego se convirtió en una especie de playa para la venta de ganado hasta que después fue ocupada por los comerciantes informales. Hoy, allá yacen una caseta tras otra con una gran variedad de productos tanto al por mayor como al por menor.

Mientras Guardiana habla con la curandera, echa un vistazo alrededor. Existen otras casetas en las que ofrecen productos similares, unas más, otras menos y los precios también son parecidos. “¿Y tú haces esas limpias a domicilio?”. “Sí, te costaría 300 bolivianos, pero tendrías que pagar también el taxi hasta tu casa”. “¿Eso incluye el producto para el baño?”. “Sí, yo llevaré para hacerte la limpia”. “¿Y qué son estas cosas que están en el paquete?”. “Son hierbas…”. “Pero yo veo otras cosas más, no sólo hierbas, ¿qué son?”. Guarda silencio. Una persona a su lado comenta: “Eso nadie te va a decir”. 

En realidad, ninguno de los preparados lleva una etiqueta que indique cuáles son los nombres de las plantas que allá se encuentran y mucho menos advertencia alguna de las contraindicaciones que cualquier medicamento debería llevar por ley.

Una vendedora de La Pampa, autodenominada curandera, ofrece un preparado para «limpias» o «baños». En la etiqueta no están especificados los componentes del preparado. Normalmente en éstas se encuentran frases alusivas a qué puede curar el producto o rezos y el número de algún celular de quien vende tales preparados.
Preparado para las «limpias» o «baños» que es vendido en 10 bolivianos en La Pampa de Cochabamba. Como se podrá ver, no lleva etiqueta alguna en la que se indique cuáles son los componentes que allá se encuentran.

Además de las bandejas para las «limpias» o «baños» que alejan las malas energías de tu cuerpo, se puede comprar en La Pampa productos supuestamente medicinales para todo tipo de enfermedades y provienen, según las vendedoras, del Perú, Brasil y Colombia. Es el caso de la muy demandada Agua de Florida, una especie de colonia usada por los médicos tradicionales precisamente para los problemas de salud mental, entre otras enfermedades, y que se puede encontrar en tres tamaños y precios: a 5, 10 y 15 bolivianos. Se trata de una especie de loción fabricada desde 1808, primero en Estados Unidos y ahora en el Perú.

El Agua de Florida no sólo es utilizada para relajar el cuerpo, sino en muchos rituales para bendecir, purificar o proteger a las personas. Se cree que su aroma puede alejar a los malos espíritus y atraer la buena energía. Por eso, esta botella se la puede encontrar en casi todos los puestos de venta de productos «medicinales» naturales de La Pampa. Sin embargo, llama la atención que tenga un costo bajo, ¿incluso menor al que figura en internet para la adquisición de este producto en la fábrica de la empresa en Perú?

No se puede asegurar totalmente que el Agua de Florida vendida en La Pampa sea falsa o adulterada sin demostrarlo con pruebas. Por ello, Guardiana compró un frasco de 15 bolivianos y lo llevó a tres laboratorios en Cochabamba. Ninguno aceptó hacer el análisis con el argumento de que no hace ese tipo de análisis. Incluso se acudió al laboratorio de una universidad pública, pero ésta indicó que no cuenta en su base de datos con los componentes que incluye dicha loción. Y el Servicio Departamental de Salud de Cochabamba tampoco hace este tipo de análisis porque no cuenta con un laboratorio para tal efecto.

Una vendedora del Mercado La Pampa muestra el Agua de Florida de 15 bolivianos.

Sobre la venta de productos supuestamente «medicinales» que provienen de otros países y que no sólo sirven para las enfermedades mentales, sino para otras, el jefe de la Unidad de Medicina Tradicional del Servicio Departamental de Salud (Sedes) de Cochabamba, el guía espiritual amauta Paulino Calizaya Mamani, es contundente: «Ninguno de esos productos está permitido en Bolivia. No deberían venderlos. Nada. Por eso no tienen registros de Bolivia que deberían tener. En la Ley 459 y su reglamento también se indica que está prohibida la venta de esos productos».

Aunque están prohibidos, los productos están en La Pampa a la vista. Nadie intenta ocultarlos. Cualquier persona puede aproximarse a los vendedores para comprarlos. No hay temor ni advertencia en letrero alguno que allá se pueda divisar. Y como se puede ver en las fotos del producto Nerviosan para el estrés, los productos existen en más de una versión o presentación porque supuestamente provienen de diferentes países. Cuando se pregunta por el país de procedencia, la tendencia de la respuesta es la siguiente en el orden indicado: Perú, Brasil y Colombia. Lo extraño es que casi nunca se escucha decir: Bolivia.

Nerviosan es uno de los productos que supuestamente sirve para el estrés y es vendido en La Pampa. 
Al revisarlo no se encuentra registro sanitario alguno de Bolivia.

¿Tiene la Unidad de Medicina Tradicional del Sedes Cochabamba condiciones para hacer un control estricto de los mercados en Cochabamba junto a otras instancias, a fin de evitar que se atente contra la salud de la población?

Calizaya explica que en la Unidad de Medicina Tradicional del Sedes sólo trabajan él y un técnico. No hay más personal. También hace notar que el presupuesto disponible llega a unos 25 mil bolivianos al año. Y no cuenta con un laboratorio para analizar las muestras o productos. En 2023, fueron realizadas dos batidas en La Pampa junto a otras instancias y para este 2024 se tienen programadas seis. Sin embargo, no son suficientes. Parte de la conversación sostenida con él se la puede escuchar en el siguiente audio.

Después de conversar con el amauta Paulino Calizaya, Guardiana realiza un nuevo recorrido por La Pampa. Entonces verifica que cajas de todo tipo de «medicamentos» que los vendedores dicen que provienen de Brasil, Perú e incluso Colombia no incluyen los registros bolivianos (las que este medio pudo revisar en calidad de comprador porque como periodista no se tuvo acceso).

También están a la venta cremas hechas a base de marihuana. Una de ellas dice «producto colombiano» y es la que la vendedora del lugar recomienda. Al final, ella ofrece las pomadas de Colombia y la de Perú juntas en 25 bolivianos (4 dólares). Asegura que el aceite de la marihuana mezclado con otros productos calma los dolores musculares y también sirve para la artritis, dolor de cabeza, várices, fracturas, tos, choques de aire y otros males.

Las dos cremas hechas con aceite de marihuana fueron compradas en 25 bolivianos en La Pampa, 
la diferencia está en que una proviene de Colombia y la otra del Perú, según la vendedora.

La marihuana es considerada y tratada en Bolivia como una sustancia controlada y prohibida mediante la Ley 1008, y su uso medicinal no está aprobado. No sólo está prohibida la producción, sino la venta, incluso en farmacias. Por ejemplo, en el artículo 63 de la Ley 1008 se puede leer:

VENTA EN FARMACIA: El propietario, regente o empleado de droguería, farmacia o local de comercio autorizado para la venta de medicamentos, que despacharen sustancias controladas sin llenar las formalidades previstas en las disposiciones legales, serán sancionados en la siguiente forma:
a) El propietario, con la clausura de su establecimiento por el término de seis meses y dos mil a cuatro mil días de multa. Además, con un año de suspensión, si fuere profesional.
b) El regente, con un año de suspensión del ejercicio profesional y mil a dos mil días de multa.
c) El empleado o dependiente, sí resultare responsable, con quinientos a mil días de multa.

Artículo 63 de la Ley 1008

Leyes que no se respetan

En Bolivia, el mundo de la medicina tradicional ha sido reconocido por la Constitución desde el año 2009, la Ley 459 de 2013, su reglamento y algunas otras disposiciones.

El artículo 42 de la Constitución señala que “la promoción de la medicina tradicional incorporará el registro de medicamentos naturales y de sus principios activos, así como la protección de su conocimiento como propiedad intelectual, histórica, cultural y como patrimonio de las naciones y pueblos”. Además, “la ley regulará el ejercicio de la medicina tradicional y garantizará la calidad de su servicio”.

El artículo 35 de la Ley 459 indica, entre los derechos de la y el usuario de la medicina tradicional; “recibir información oportuna, completa y veraz, las veces que lo requiera”.

Sin embargo, las personas que se acercan a los puestos de venta de las y los curanderos en el mercado de La Pampa no tienen acceso a información “oportuna, completa y veraz” como indica la normativa. Tampoco saben si los fármacos que provienen de Perú y Brasil fueron o no adulterados. Esto se constituye en un atentado de los derechos a la información y a la salud, hace notar el abogado especialista en derechos humanos Marco Antonio Loayza en conversación con este medio.

Sin embargo, para los médicos tradicionales, el 85 por ciento de la Ley 459 se tendría que modificar. La hicieron a partir de la terminología y consejos de abogados que funcionan según los parámetros del mundo occidental que no conocen ni comprenden cómo funciona el mundo del que proviene la medicina tradicional. Esa es, en pocas palabras, la razón esgrimida por ellos y por la que dicha normativa fue, es y será resistida de acuerdo a la información que pudo conseguir este medio.

«Cuando se preparó la Ley 459 yo estuve presente. Cada vez que sugeríamos algo, los abogados nos decían que no se podía poner por una u otra razón. Al final así hicieron todo. Ellos (los abogados) no comprenden que para nosotros todo está relacionado», recuerda una fuente que pide guardar su nombre en reserva.

Si las leyes no se cumplen y en los mercados existe todo tipo de personas que aseguran ser «curanderas», ¿qué puede hacer una o un ciudadano para proteger su salud? Tiene que pedirles que le muestren primero su carnet de identidad y luego la acreditación respectiva como médico tradicional. De  lo contrario, usted corre el riesgo de caer en manos de charlatanes o personas cuyos conocimientos están lejos de ser los suficientes para tratarla. «Un día un comerciante está vendiendo shampoo, no le resulta y al día siguiente está ofreciendo medicinas», alerta el Jefe de la Unidad de Medicina Tradicional del Sedes Cochabamba.

El médico tradicional para ser tal tiene que acreditarse mediante un proceso en el que tiene que demostrar ante instancias que dependen del Ministerio de Salud que tiene los suficientes conocimientos para tratar a una persona. El artículo 11 de la Ley 459 indica claramente: “Las médicas y los médicos tradicionales, guías espirituales, parteras, parteros y naturistas que ejercen su actividad fuera del ámbito territorial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y afrobolivianos, deberán registrarse obligatoriamente en el Registro Único de la Medicina Tradicional Ancestral Boliviana – RUMETRAB para la práctica de la medicina tradicional ancestral, sin el cual no podrán ejercerla”.

Actualmente, en Cochabamba existen 208 personas que cuentan con la credencial que les habilita para desempeñarse como médicos tradicionales y 96 aún están haciendo el trámite, según información oficial de la Unidad de Medicina Tradicional del Sedes Cochabamba. 

«Medicinas» para problemas mentales

Durante la pandemia, el número de casos de enfermedades mentales en Bolivia se disparó. En el caso de Cochabamba, entre 2020 y 2021 se incrementaron los casos de los episodios depresivos en un 134 por ciento, los de ansiedad en un 109 por ciento y los psicóticos en un 405 por ciento.

Según el Sistema Nacional de Información en Salud y Vigilancia Epidemiológica (SNIS-VE), que registra los casos atendidos en centros del sistema público de salud, en Cochabamba se reportaron 8.763 nuevos casos de trastornos mentales en 2020 y para 2022 se incrementaron a 15.988.

Sin embargo, esos datos que demuestran que los casos de enfermedades mentales se dispararon durante la pandemia, no representan el total, sino únicamente los registrados porque la persona acudió a un centro médico público. ¿Cuántas personas no visitaron a un médico porque estaban ansiosas, tenían miedo extremo, no podían dormir o estaban nerviosas? Si no fueron, su caso no está registrado y, por eso, se estima que las cifras reales son mayores.

El segundo problema es que no se tienen datos exactos en Bolivia sobre cuántas personas exactamente acuden a un médico académico denominado para estos casos psiquiatra y cuántas buscan a un curandero o médico tradicional acreditado o no. La presidenta nacional de la Sociedad Boliviana de Psiquiatría (SBP), la psiquiatra Elizabeth Patiño, cree que un 60 por ciento de la población boliviana acude a curanderos, mientras el Jefe de la Unidad de Medicina Tradicional del Sedes Cochabamba considera que el porcentaje es mayor tomando en cuenta que la gente que vive en el área rural o proviene de ella en las ciudades se hace curar con médicos tradicionales. Patiño precisa que sería bueno contar con una investigación para conocer con mayor precisión el porcentaje real porque el dato que ella maneja es un estimado a partir de conversaciones con otros psiquiatras en Bolivia.

En el campo de la academia, llamada por algunas personas medicina occidental, las enfermedades mentales normalmente deben ser tratadas por psiquiatras que tienen autorización para extender recetas médicas, lo que no ocurre con los psicólogos que están prohibidos de dar medicación porque no son considerados médicos. ¿Cuáles son las características de dichos males? Para hablar sobre este tema tocamos la puerta del consultorio de la psiquiatra Elizabeth Patiño. A ella le pedimos que explique en el siguiente video en qué consisten dichas enfermedades. 

¿Puede un médico tradicional tratar este tipo de enfermedades mentales explicadas por la psiquiatra Elizabeth Patiño y otras como la esquizofrenia? Tanto la psiquiatra como el Jefe de la Unidad de Medicina Tradicional del Sedes de Cochabamba indicaron que los tratamientos deben ser encarados de manera coordinada por psiquiatras y médicos tradicionales, sobre todo algunas enfermedades como la esquizofrenia. Y Paulino Calizaya reconoció, además, que existen enfermedades como la esquizofrenia que no debieran ser abordadas por los médicos tradicionales sin el acompañamiento de un psiquiatra.

El mundo de los médicos tradicionales

Al otro extremo del lugar en el que se encuentra La Pampa en Cochabamba está la zona El Frutillar. Allá, en una esquina de la calle Papa Clemente, sin número, se puede divisar desde lejos una gran piedra que descansa cual mesa alargada al lado de la puerta de ingreso del Centro Cultural Kuska. Guardiana se sienta en ella. Una hora después se arrepiente al enterarse de que es una wak’a (objeto y lugar sagrados). Detrás de una antigua puerta de madera asoma un sombrero negro. Es el médico tradicional Carlos Prado Mendoza. Invita a pasar. También aparece diligente y apurada su esposa Urbana.

El jampiri Carlos Prado Mendoza en la puerta del Centro Cultural Kuska que él dirige en la zona El Frutillar de Cochabamba. Al lado se puede ver una parte de la piedra que fue reconocida como una wak’a en ceremonia especial, según Prado

Prado ha apoyado durante muchos años con su trabajo a psiquiatras, instituciones y universidades. Por eso, el Senado de Bolivia emitió el 6 de septiembre de 2023 una declaración camaral mediante la que rinde “un justo y merecido reconocimiento a Carlos Prado Mendoza por el incansable trabajo en la investigación y uso de la medicina tradicional andino-amazónica, la recuperación de los saberes ancestrales, en salud y sobre todo por su compromiso en la educación intercultural en Bolivia, dejando en alto el nombre del país a nivel nacional e internacional”.

La declaración camaral del Senado de septiembre de 2023 en la que se reconoce 
el aporte del médico tradicional Carlos Prado Mendoza

Al hablar con este médico tradicional de sexta generación, algunas dudas periodísticas van disipándose. ¿Depresión?, ¿ansiedad?, ¿curandero?, ¿brujo?, ¿médico tradicional? Ninguna de estas palabras a las que afanosamente buscamos diferenciar periodísticamente parece tener sentido en el mundo de los médicos tradicionales porque en el caso de los nombres de las enfermedades mentales, los médicos tradicionales las ven de otro modo como se explicará más adelante y sobre la terminología usada para nombrar a los médicos tradicionales, Prado indica que la mayoría de los términos son herencia de la Colonia e influencia de la Iglesia Católica. 

El Jefe de la Unidad de Medicina Tradicional del Sedes Cochabamba añade que, además de las especialidades de los médicos tradicionales, otra forma de distinción es la zona geográfica de la que provienen y durante la conversación con Guardiana también se refirió Paulino Calizaya a una especie de categorización vinculada a ciertos poderes que adquieren los médicos tradicionales cuando están al borde de la muerte o son tocados por un rayo (médico aysiri o yatiri), entre otros fenómenos. También citó como ejemplo el hecho de que para convertirse en un guía espiritual, quien cumple este rol normalmente no será una persona muy joven.

En su libro «‘Mancharisqa’ no es depresión», Carlos Prado presenta una especie de lista de las diferentes denominaciones usadas para llamar a un médico tradicional más allá del mundo citadino. Aquí van algunas definiciones de dicha nómina:

  • Jampiri: Médico tradicional herbolario y ritualista. A través de la coca determina de qué enfermedad se trata y el tratamiento a aplicar.
  • Aysiri: Médico tradicional espiritista, designado por la naturaleza y las deidades a través del rayo. Se especializa en convocar a los espíritus.
  • Qapachaquira: Vendedor de plantas medicinales que también prepara mesas rituales.
  • Yatiri: Palabra aymara que significa «el que sabe», conoce el futuro y analiza las causas de la enfermedad; las circunstancias que llevan a una persona a estar como está. Destruye la maldición y libera al enfermo. Es normalmente una persona a la que le cayó el rayo.
  • Qhaquri: Médico tradicional que a través de masajes y ejercicios alivia a una persona del dolor u otro malestar que sufre en alguna parte de su cuerpo.
  • Huesero: Médico tradicional encargado de la curación y tratamiento de los huesos.
  • Yerbero o herbolario: Vendedor de plantas medicinales que conoce sus propiedades terapéuticas.
  • Partera: Generalmente son mujeres que atienden embarazos.
  • Layq’a: Brujo maligno también denominado yachaq, experto manipulador de la energía kallpa o kumara que la usa para hacer daño. Prado hace notar que los calificativos negativos para identificar a este tipo de persona probablemente son una herencia de la Colonia.

En ese otro mundo al que pertenece Carlos Prado de autodidactas que aprendieron de sus padres, quienes a su vez aprendieron de los suyos, todo es visto de forma más integral. Por eso cuesta entrevistarlo porque a cada pregunta él le encuentra varios filos y escenarios porque insiste en que todo debe ser visto desde sus causas y eso le hace hablar de las estructuras de los problemas: si existen comerciantes de la salud es porque muchas veces llegan del campo a la ciudad y no tienen trabajo, y necesitan una actividad de la que puedan vivir. A pesar de ello,  sabe que entre quienes se hacen llamar “curanderos” existe todo tipo de personas, incluyendo los charlatanes, quienes poco o casi nada saben de medicina tradicional y la usan sólo para conseguir dinero, lo que es peligroso como lo admite Prado tanto en la entrevista con Guardiana como en su libro “’Mancharisqa’ no es depresión”.

“No está demás recalcar que estas plantas medicinales deben ser usadas con mucho cuidado y precaución, sólo por terapeutas expertos y capacitados. Recordar que el mal uso puede provocar trastornos severos y hasta la muerte”

Carlos Prado en “’Mancharisqa’ no es depresión”, pág. 80

Y precisamente por los riesgos que pueden implicar tratamientos en manos de curanderos improvisados es que la población tiene como parte de su derecho a la salud estar bien informada sobre lo que tiene (diagnóstico), el tratamiento que recibirá y los medicamentos que le serán recetados, en los que deberá existir suficiente información no sólo sobre sus componentes, sino las contraindicaciones.

La Organización Mundial de la Salud ha venido trabajando en la medicina tradicional, a la cual valora. Sin embargo, también indica en su web: “Ahora bien, al contrario de lo que se cree popularmente, los productos de la medicina tradicional no siempre son seguros y pueden acarrear consecuencias negativas para la salud, especialmente cuando se utilizan en combinación con otros medicamentos (véase aquí) o cuando se toman en dosis altas».

«Los usuarios -indica la OMS- necesitan estar mejor informados sobre los beneficios y propiedades reales de los diversos tratamientos tradicionales y de sus posibles peligros, y tener acceso a una información digna de confianza, clara y fácilmente disponible. Un uso inadecuado pone a los consumidores en riesgo de sufrir efectos secundarios potencialmente graves como resultado de alergias, interacciones medicamentosas, contaminación de productos con pesticidas, metales pesados y otras sustancias, o daños producidos por profesionales inexpertos o mal capacitados».

«Cualquier producto o terapia de la medicina tradicional, complementaria e integradora debería seguir un protocolo estricto y estar sometido a pruebas y ensayos clínicos para ser de calidad, eficaz y seguro para el paciente”.

Enfermedades mentales en la medicina tradicional

Las enfermedades mentales son vistas de un modo por los médicos académicos (ver más arriba video de la psiquiatra Elizabeth Patiño) y de otra forma por los tradicionales. Para los médicos tradicionales, existe una especie de eje que atraviesa las diferentes enfermedades mentales y que tiene que ver con el mancharisqa que en idioma quechua significa el asustado. Se está frente a un caso de mancharisqa cuando una persona se asusta por una fuerte impresión sufrida ante un peligro o una situación desconocida o terrible. En otros lugares esta enfermedad también es conocida como «espanto», «mal de los nervios», «corazón débil», etc.

«En forma general, el mancharisqa es todo desequilibrio espiritual o mental que puede pasarle a cualquier persona de cualquier edad. Puede ocurrir en cualquier momento, de día o de noche, en todo espacio o tiempo, en toda sociedad y cultura. En algunos casos se inicia con dolencias o trastornos físicos y luego se agrava aún más con trastornos espirituales o mentales».
«‘MANCHARISQA’ NO ES DEPRESIÓN», DE CARLOS PRADO

El médico tradicional Carlos Prado indica que el mancharisqa «tiene cierta relación con la depresión definida por la medicina académica, mas para nuestras culturas no es lo mismo, por cuanto mancharisqa como desequilibrio espiritual se produce por la manera de comprender, ser influenciados y aceptar las interacciones que existen entre los seres humanos, su entorno y su cosmovisión. Esta manera de entender lleva implícita la aceptación de sentimientos de culpa por parte de los afectados que pueden agravar la desarmonía fisico-espiritual o de lo contrario facilitar su autocuración. Dependerá de cuán seguros o fuertes están con sus relaciones humanas, creencias, información e identidad cultural». Mancharisqa (el asustado) es «el común denominador de todos los trastornos físico-mentales de todas las culturas y de todos los tiempos. Por tanto, desde la visión indígena de nuestras culturas, los tratamientos serán casi los mismos».

Sin embargo, lo más importante de todo esto es darse cuenta de que «el mal susto, aún cuando por definición es al mancharisqa, vamos a ver y constatar que este trastorno mental no es sólo por el susto como tal que provoca la desarmonía, sino se refiere a otros estados mentales como el ‘temor’ a lo desconocido, el ‘ignorar’ sobre si la enfermedad que se padece será fácil o difícil de curar; la falta de ‘información’ sobre cuál es el mejor camino a elegir para restaurar la armonía; la ‘inseguridad’ para poder afrontar gastos económicos que demandará el tratamiento, lo mismo pasa con ‘deudas’ económicas contraídas. 

Es en este punto en el que finalmente Guardiana pudo entender por qué las y los vendedores de La Pampa no usan palabras como ansiedad, depresión, esquizofrenia y otras para denominar a las enfermedades mentales. Los mismos médicos tradicionales no las usan.

¿Y cómo es un tratamiento de un médico tradicional para curar, por ejemplo, a una persona que anda muy nerviosa y ansiosa? Los tratamientos suelen variar, sobre todo en forma dependiendo de factores como la zona en la que el médico aprendió de sus antepasados, su especialidad, el nivel alcanzado, etc. A pesar de ello, cuando llegas al lugar de atención, el médico tradicional te escuchará primero como parte de la etapa de diagnóstico inicial y, para tal efecto, te hará preguntas. Algunos médicos piden que en una segunda sesión lleves algunos objetos dependiendo del tipo de caso o susto que sufriste; pero otros te curarán en una sola sesión sin pedirte ningún objeto, salvo al final un dinero como pago por su trabajo. 

Mientras tanto en La Pampa… animales  muertos disecados para tratamientos… preparados para «limpias» sin información sobre sus componentes… una dudosa Agua de Florida… supuestos medicamentos que provienen de otros países cuya venta está prohibida en Bolivia. Más hacia el centro de la ciudad, el Sedes de Cochabamba, con sólo dos personas al frente de esta área de trabajo y sin un laboratorio. Así está la medicina tradicional en Cochabamba vinculada con las enfermedades mentales, entre otras.

Esta investigación fue realizada gracias al soporte del Consorcio para Apoyar el Periodismo Independiente en la Región de América Latina (CAPIR), un proyecto liderado por el Institute for War and Peace Reporting (IWPR).

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