Tarija, el rastro de la impunidad en obras abandonadas

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Se han visto obras construidas con recursos públicos en terreno privado, proyectos de agua que nunca arrojaron el recurso hídrico, centros productivos e industrias que nunca produjeron nada, prioridad en “megaobras” deportivas antes que en servicios básicos y, más inversión para comprar un vehículo de lujo que para la protección y defensa de la mujer en un año. Todo a lo largo y ancho del departamento de Tarija, que en 2014 obtuvo el ingreso per cápita más alto de Bolivia, casi tres veces más que el nacional, 8.691 dólares frente a 3.200, respectivamente. Investigación para el diario El País

Nadie puede discutir que la danza de millones terminó hace un par de años. Como correspondía, los municipios se llevaron parte de esos recursos a través de las alcaldías y subgobernaciones, también con el visto bueno de la Gobernación. Pero la gente siente que sus necesidades básicas no fueron resueltas. Lo que sí es evidente, son obras inconclusas, innecesarias y abandonadas, incluso, desde hace más de una década. Pero hasta ahora no se establecieron responsabilidades sobre ello, todo apunta a haberse naturalizado.

Aquí encaja una parte del libro «La raíz de todos los males», que dice que el sistema está montado para que la impunidad se campee de punta a punta. Los fiscales no investigan, los jueces no juzgan, los organismos de control no controlan, los sindicalistas no representan a sus trabajadores y los periodistas no informan. Porque así se forjó el sistema, con beneficios para aquellos que infringen las leyes y sanciones para quienes se atreven a revelar este tipo de situaciones.

Es común escuchar a las autoridades decir en los noticieros que hay que dejar la dependencia del gas, que se debe cambiar la matriz económica por una que no sea la extractiva. Pero solo basta con visitar los municipios del departamento para ver cómo las industrias y centros productivos siguen abandonados, proyectos que se hicieron al revés y denotan una falta de planificación, a la que acompaña un marcado desinterés por ponerlas en marcha.

Bermejo

Solo para citar algunos ejemplos se tiene la Granja Piscícola de Bermejo, ubicada en la comunidad Los Pozos. Un proyecto que en la primera fase se invirtió 1 millón de bolivianos y, antes que se concluya la segunda, que costó 4,9 millones de bolivianos, ya se había comprado los alevines y alimento mediante adjudicación directa. Es una obra emplazada sobre dos hectáreas aproximadamente, donde según los lugareños, no se produjo ni un solo pez. El abandono de la infraestructura es evidente.

En ese mismo municipio se tiene la Planta Procesadora de Cítricos que demandó 77,3 millones de bolivianos, pero que a la fecha no funciona. Ahí mismo tienen un centro de reclusión de menores que está abandonado desde el año 2006 y una cárcel a medio construir desde el 2007.

Ahí, la falta de agua potable golpea desde hace años. La gente opta por almacenar el recurso hídrico en recipientes, que a la vez se convierten en criaderos de mosquitos, pues, en el primer trimestre del 2019 causaron una epidemia de dengue.

Padcaya

Padcaya se hizo conocer por la inversión de 7 millones de bolivianos en un proyecto de agua fallido. Sucede que primero hicieron el tendido de red para riego hasta los cultivos, se construyeron las cajas donde se almacenará el líquido y las llaves de paso. Pero cuando fueron a perforar los pozos, no encontraron agua. Las primeras investigaciones arrojaron que se pagó por un estudio que no se hizo. El caso está en la Fiscalía desde hace un par de años.

Por otro lado, se tiene un centro productivo de transformación de tomate, una obra que costó más de medio millón de bolivianos. Fue inaugurada el año 2016, pero desde ese entonces no funcionó como tal. En la comunidad donde está emplazada esa obra no tiene agua para producir la materia prima. Asimismo, la capital de ese municipio solo tiene agua potable por horas.

Uriondo

En este municipio se tiene un matadero municipal que inició su construcción en 2012, tenía que concluirse el 2014, pero a la fecha esta infraestructura quedó a medio construir. El contrato fue entregado por un monto superior a los 7 millones de bolivianos, que incluía la construcción y la supervisión.

Por otro lado, se construyeron obras con fines turísticos, como el Puente Metálico con 3,4 millones de inversión, el centro de capacitación productiva de Calamuchita con un costo de 3,2 millones. Luego de un año de haberse entregado no cumplen su fin.

Al margen de ello se tenía en puerta la entrega del proyecto de cadena de frío para la uva, con un monto de 17,9 millones de bolivianos. Sin embargo, no se tiene asegurado los recursos para su funcionamiento. Es así que puede correr el mismo destino que otros centros productivos encarados antes del año 2010, pero que a la fecha no producen nada.

También se tiene un estadio para 14.300 espectadores, justo para meter a toda su población, niños, jóvenes, adultos y abuelos. El costo de la obra fue de 33 millones de bolivianos, pero no se solucionó la escasez de agua potable para esa jurisdicción.

El Puente

Si de centros productivos se trata, en el municipio de El Puente se invirtió 1,5 millones de bolivianos para el Centro de Producción de Semilla de Papa y Transformación en la comunidad de Iscayachi. El proyecto fue entregado en abril del año 2011. Desde ese entonces esa infraestructura no cumple su fin.

Hay más, en la comunidad de El Molino se tiene un Centro Artesanal Productivo. Se trata de una infraestructura emplazada en dos hectáreas, aproximadamente. También luce abandonada. En otros lugares del mismo municipio, también hay proyectos con el mismo fin, pero en menor dimensión; sin embargo, la gente no sabe de su existencia, pues, las obras están abandonadas o funcionan como otra cosa, menos para lo que fueron edificadas.

Ahí también una de las principales problemáticas es la falta de agua. Desde el 2006 se hicieron estudios técnicos para ese fin, pero no todos llegaron a plasmarse. En lo que sí se invierte actualmente, es en un complejo deportivo sobre unas cuatro hectáreas, con un costo de 17 millones de bolivianos. Sin embargo, el tratamiento de aguas servidas y la disposición final de la basura tampoco se ha resuelto.

San Lorenzo

San Lorenzo es una tierra donde su exalcalde y la actual autoridad se acusan de haber cometido delitos en la ejecución de proyectos. Uno de ellos es la construcción de un internado en Sella Méndez, el cual no fue usado desde su entrega, el año 2006. Uno de los problemas es que fue emplazado dentro de un terreno privado, pues pertenecía a una Organización No Gubernamental (ONG).

Al margen de ello se tiene un mercado que nuca funcionó como tal. Es una infraestructura que lleva el nombre del presidente Evo Morales; luego de estar abandonada pasó a ser un depósito de basura, y finalmente se convirtió en la Unidad de Maestranza del municipio.

Por otro lado, dejaron que el cemento asfáltico destinado para la avenida Circunvalación, fenezca. La extensión de esa vía no supera los tres kilómetros y sigue polvorienta desde antes del 2010.

Entre Ríos

En este municipio también se tiene en el olvido la Planta de Alimentos Balanceados, a pesar de haberse edificado el año 2010 con un costo aproximado de 13 millones de bolivianos. Fue ejecutada por el Gobierno nacional.

Esa jurisdicción también tiene una Terminal de Buses que no se la usa desde su conclusión, antes del año 2015. Por otro lado, está la Estación Policial Integral (EPI) que incluye un helipuerto, pero la infraestructura no fue usada. Hace un par de meses se hizo una inspección porque llegó una comisión nacional.

Esta jurisdicción no ha resuelto el saneamiento básico, también tiene problemas de agua y del tratamiento de su basura.

Cercado

Cercado, al igual que en Padcaya, tiene un proyecto que consistió en la perforación de un pozo de agua potable, pero desde su inauguración no aprovisionó este líquido elemento a la población. La obra está ubicada en la zona de La Tablada.

Por otro lado, en el barrio El Constructor se tiene el Campo Ferial que se lo usó esporádicamente por cinco años. Tuvo un costo de 17 millones de bolivianos. Ahora la Alcaldía dice que esa obra ya no tiene futuro.

En un solo año, 2009, se emplazaron centros de producción que nunca produjeron. La inversión de construcción supera los 7,6 millones de bolivianos.

En esta misma, provincia se construyó una infraestructura para procesar cítricos, específicamente en la zona de El Portillo. Esta obra cumplirá una década en el olvido, pese a existir una ley para ponerla en funcionamiento. Al contrario, se encaró otro proyecto en Bermejo con en el mismo fin, que tampoco procesa nada a la fecha.

Yunchará

Yunchará es uno de los municipios más pobres del departamento, ahí, donde enfrentan el fenómeno de la migración, se encararon obras optimistas, tanto por el sector público como por organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, algunas funcionan de manera esporádica y otras nada.

Solo por citar un ejemplo, está el Centro de Acopio y Transformación de Haba, son dos infraestructuras dispersas que componen el mismo proyecto. La procesadora que está en la comunidad de Chorcoya Méndez solo funciona dos veces al año, la misma que el municipio requiere comprar productos para el desayuno escolar. La otra obra la alquilaron a una empresa para que guarde su maquinaria.

Después se tiene centros artesanales en diferentes comunidades apostadas en la zona de Tajzara, pero no todas producen. El Centro de Transformación de Leche de Cabra, tampoco cumple su fin, pero se aprovecha para procesar frutas.

En esa jurisdicción también se tiene un complejo deportivo emplazado en cuatro hectáreas, aproximadamente; se trata de laconstrucción de un restaurante, gimnasio, coliseo polideportivo, canchas polifuncionales, albergue, áreas verdes, parqueos y zonas recreativas. Un costo superior a los 13 millones de bolivianos.

Esos son algunos de los proyectos que priorizaron los gobernantes de turno en el departamento, en sus diferentes niveles, en el que no se incluye el Chaco. Las justificaciones del porqué de esta realidad por parte de los autores de esas obras, abundan y encajan en historias.

Lo que es evidente en esta primera radiografía que hizo El País, es que hay más de 200 millones de bolivianos invertidos en obras que; hasta hora están abandonadas, inconclusas o eran innecesarias. Este monto es equivalente a la mitad de lo que cuesta construir y equipar el hospital Oncológico, o para que funcione los dos primeros años. La misma inversión que también necesita la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho (UAJMS), con 24 mil estudiantes, para funcionar un año.

Con todo eso, se planea más proyectos similares, antes de hacer funcionar los que ya se tienen disponibles. La metástasis de construir obras para dejarlas en el olvido muestra síntomas de no haber terminado.

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